Uno de los episodios más cruentos de nuestra Guerra Civil fue el protagonizado por algunos miembros del Partido Comunista en el llamado «túnel de la muerte» de Usera.

Durante los años de la Guerra Civil, fueron muchos los madrileños que tuvieron que huir del terror rojo y refugiarse en pensiones, domicilios particulares o en legaciones extranjeras que, amparándose en el principio de extraterritorialidad, ofrecían una relativa protección a los asilados.

En una situación que ahora mejor que nunca podemos empezar a entender, transcurrían los meses de los confinados entre el miedo a los asesinatos, la incertidumbre ante el futuro, y la ansiedad por la reclusión y la separación de sus familias.

Mientras tanto, el ejército Nacional iba aproximándose a Madrid en un avance que, aunque lento, parecía imparable. El frente llegó a situarse en Noviembre de 1936 en el barrio de Usera, en el sur de Madrid, lugar en el que tras duros combates quedó estabilizado.

Casimiro Durán, del PCE.
Casimiro Durán, del PCE.

Como ya he comentado antes, el problema de los españoles de derechas, religiosos, aristócratas, o simplemente contrarios al régimen comunista, que se habían refugiado en distintas legaciones diplomáticas de Madrid buscando salvar su vida y algunas de sus pertenencias del saqueo rojo, fue aumentando a lo largo de los meses. Esta situación constituía para el régimen republicano una molesta cuestión de difícil resolución.

Por esta razón, algunos de los mandos y el Comisario Político de la 36ª Brigada Mixta, responsable de la defensa de la línea del frente de Usera, idearon un plan para hacer salir a los asilados de las sedes diplomáticas y otros escondites, y de paso obtener un suculento botín. El plan era terroríficamente sencillo y malvado.

Hotelito de la calle Alfonso Olivares nº 4
Hotelito de la calle Alfonso Olivares nº 4

En primer lugar, harían circular la noticia entre los refugiados de que algunos milicianos adictos a la causa nacional facilitaban el paso a la otra zona a través de un seguro túnel en el barrio de Usera. La única condición que debían aportar los interesados era la de abonar una fuerte suma de dinero. Después, una vez organizadas las expediciones, irían conduciendo a sus incautas víctimas a la supuesta entrada del túnel ubicada en los sótanos de un hotel en la calle Alfonso Olivares nº 4, para arrebatarles después todas las pertenencias y alhajas que, por la seguridad y aparente facilidad del paso, se les pedía que llevaran consigo. A continuación, eran encarcelados en los mismos sótanos del hotelito o en otro calabozo cercano para irlos torturando e interrogando en los días sucesivos. El objetivo de estos interrogatorios era el de obtener cuanta información fuera necesaria para conseguir más víctimas y más ganancias. También intentaban los asesinos hacer confesar las contraseñas que, una vez en zona segura, deberían comunicar a sus familiares. De esta forma, sus parientes no sospecharían nada y los comunistas podrían continuar con su lucrativo negocio. A los pocos días y para dejar espacio a nuevos desgraciados que cayeran en la trampa, eran sacados de las celdas y asesinados en las tapias del chalé. Finalmente, los cuerpos eran enterrados en unas fosas cercanas.

Plano de la zona.
Plano de la zona.

Los cabecillas de esta criminal acción eran el comandante Casimiro Durán Muñoz y el capitán Cabrera, que actuaba como gancho para atraer a las confiadas víctimas. Para ello hacía uso de su amistad con el novillero José Juan Aguilera, que estaba hospedado en la casa de doña Nicolasa Sánchez Pindado, en la calle Ventura de la Vega. En esta pensión había otros refugiados, entre ellos varios sacerdotes que también sucumbirían a la traición.

Pero no sólo se captaban víctimas en la pensión de la Nicolasa. También salían expediciones desde la casa de Doña Dolores España, en Núñez de Balboa 15 y desde el Bar «La Perla» en la Glorieta de Atocha.

Entrada a uno de los calabozos en la calle San Julián donde eran encerradas las víctimas del túnel de la muerte.
Entrada a uno de los calabozos en la calle San Julián donde eran encerradas las víctimas del túnel de la muerte.

La primera expedición se organizó el 18 de Octubre de 1937 con unos refugiados en la embajada de Paraguay, la segunda el 22 del mismo mes, la tercera el 26, la cuarta el 31 de Octubre fue más numerosa y entre las víctimas se encontraban ocho ingenieros refugiados en la embajada de Noruega. De esta manera se fueron sucediendo los crímenes hasta que el 13 de Noviembre de ese año el general Queipo de Llano denunciaba por Radio Nacional el engaño. Queipo de Llano había sido informado por varios familiares de las víctimas que, al no encontrar a sus parientes en zona nacional, como esperaban, habían empezado a sospechar y finalmente habían descubierto la trama.

Al finalizar la guerra, los doctores Piga y Aznar de la Escuela de Medicina Legal llevaron a cabo la exhumación y el análisis de los cuerpos hallados en las fosas. Se llegó a identificar los restos de 67 personas, pero aparecieron restos de al menos otros treinta cuerpos más. Posteriormente, en el lugar de los hechos se construyó el colegio Nuestra Señora de la Providencia de las hermanas Teatinas y se habilitó una de las galerías del sótano del antiguo chalé como cripta para sepultar a las víctimas de tan horrendo crimen.

Tunel
Estado actual de la cripta del túnel de la muerte bajo el colegio de las teatinas.

Pero esta terrible historia de odio, torturas y muerte tiene para los pilaristas un especial interés ya que fueron varios los antiguos alumnos del colegio que perecieron víctimas de este crimen instigado, organizado y ejecutado por el Partido Comunista de España:

  • Los hermanos Jaime y Francisco de Cárcer y Ruano: Jaime era ingeniero, estaba casado con Dolores Sánchez-Diezma Alonso y pertenecía a la promoción de 1926. Su hermano Francisco era de la promoción de 1933 y cuando estalló la guerra estaba estudiando la carrera. Ambos nombres aparecen en el Monumento a los Caídos. Los dos hermanos fueron asesinados el 29 de Noviembre de 1937.
El portero Manuel García de la Mata durante un encuentro.
El portero Manuel García de la Mata durante un encuentro.
  • Manuel García de la Mata Pérez: Gaditano de nacimiento, ingeniero y exguardameta del Atlético de Madrid en donde jugó las temporadas 1921-1922 y 1922-1923. Su nombre aparece en el Monumento a los Caídos del colegio, pero no he conseguido averiguar a qué promoción perteneció. Estaba hospedado en la pensión de la Nicolasa cuando fue engañado para participar en alguna de las supuestas fugas. Según algunas fuentes fue asesinado el 30 de Octubre y según otras el 9 de Noviembre de 1937 cuando contaba con treinta y cuatro años de edad.
  • José Garnica y Zapatero: Perteneciente a la promoción de 1924. Asesinado el 15 de Noviembre de 1937. Su nombre también está inscrito en el Monumento a los Caídos.
  • José González-Quevedo Monfort: Asesinado el 31 de Octubrea los 33 años junto a su hermano Manuel, que no me consta que estudiara en el colegio. Su nombre no aparece en el monumento como si ocurre con el de su hermano Francisco, asesinado en Paracuellos del Jarama. Dejó viuda y una hija, Socorro, que nacería meses después de su muerte. Los catorce hermanos eran de profundas convicciones tradicionalistas y seis de ellos fueron religiosos.
  • Antonio Robles Rodríguez: Arquitecto. De la promoción de 1926 del colegio. Asesinado también el 15 de Noviembre de 1937. El nombre de Antonio aparece en el monumento.
Luis San Gil Coronel. Marqués de Peramán.
Luis San Gil Coronel. Marqués de Peramán.
  • Luis San Gil Coronel: Marqués de Peramán, Ingeniero de Caminos, antiguo alumno de la promoción de 1917. Murió asesinado el 15 de Noviembre de 1937. Casado con Enma Augustín y Losas, dejó cinco huérfanos. Su nombre se puede encontrar en el monumento del colegio.
Esquela Luis San Gil y Coronel. Fuente: Hemeroteca ABC.
Esquela Luis San Gil y Coronel. Fuente: Hemeroteca ABC.
  • Los hermanos Estanislao y Santiago Urquijo Landecho: Hijos del marqués de Urquijo; Santiago, perito electricista,  murió a los 33 años y pertenecía a la promoción de 1920 del colegio, su nombre aparece en el monumento a los caídos; Estanislao, era ingeniero de minas y murió a las 37 años, el 8 de Noviembre de 1937. No he podido verificar si este último estudió en el colegio como sus hermanos.

En definitiva, un puñado de españoles que, desesperados por el encierro o ansiosos por huir del Madrid rojo se lanzaron a lo que creían que era una escapatoria segura de aquel infierno, sin saber que iban a caer directamente en las garras del mismísimo demonio.

Fuentes consultadas: