Últimamente, los medios de comunicación y especialmente algunos de nuestros más “ilustres” líderes nos hablan a todas horas de las excelencias de la Segunda República y en especial del clima de concordia, tolerancia y progreso que se vivió durante el gobierno del Frente Popular.

Parece ser que durante la Guerra Civil que siguió al Alzamiento, sólo hubo represalias en la zona controlada por el bando Nacional, mientras que en Madrid y en otras ciudades donde se estaba llevando a cabo “pacíficamente” la revolución del proletariado, todo era amor y concordia -palabra ésta también muy utilizada últimamente-. Sin embargo, la realidad es tozuda y la verdad siempre termina por resplandecer.

Durante los años que llevo investigando la historia del colegio, sus antiguos alumnos y, especialmente, las vidas de los que murieron durante la guerra, me he encontrado con historias realmente estremecedoras que ponen en duda la versión oficial acerca de este conflicto terrible.

Hoy os voy a contar sólo dos ejemplos de los muchos que he podido reunir. Espero que os hagan reflexionar sobre el clima de terror que instauraron las milicias comunistas, socialistas y anarquistas en el Madrid de la Guerra Civil.


José María de Salas Padrós

Antiguo alumno del colegio del Pilar, perteneciente a la promoción de 1922. Hizo la primera comunión el 14 de Mayo de 1914 en la Iglesia de la Concepción junto a sus compañeros de la clase de Párvulos B, entre los que estaban Manuel Cervera Cabello y José García-Noblejas y Brunet. Los tres pilaristas fueron asesinados en 1936.

José María era hijo de José de Salas y de Rosa Padrós. Tenía varias hermanas pero no tenía hermanos varones. Hizo el servicio militar en el arma de artillería, causando baja el 21 de junio de 1933 (D.O. del Ministerio de la Guerra del 24-VI-1933 página 680) como Teniente de Complemento.

Gracias a los documentos encontrados en el Archivo Histórico Nacional y a la información recopilada por los compañeros del blog Guerra en Madrid podemos obtener algunos datos más y compartir con vosotros los documentos originales de la época, correspondientes al sumario incoado por el Juzgado de Instrucción nº2 de Madrid.

Pese a los datos obtenidos, desgraciadamente desconocemos las causas y la fecha de la detención de José María aunque posiblemente, su arresto se enmarcara dentro de una redada contra miembros de Acción Católica, como algunos de los asesinados junto a él. Si sabemos que tras un breve paso por la Dirección General de Seguridad fue trasladado a las dependencias del Comité Provincial de Investigación Pública, conocido más adelante como la checa de Fomento, situado por aquel entonces en el número 40 de la calle Alcalá. “Se trataba de un comité pseudo oficial de la Dirección General de Seguridad (DGS) que contaba con representación de todos los partidos del Frente Popular. Su cometido, además de localizar y detener a los supuestos enemigos de la República, era juzgar a estas personas (obviamente sin garantías) y asesinar a aquellos a los que consideraban culpables.” (del Blog Guerra en Madrid).

Atestado de la policía informando del hallazgo de los cuerpos de José María de Salas y el resto de asesinados.

La noche del 29 de Septiembre nuestro compañero y otros doce detenidos de la checa de Fomento, entre ellos la poetisa Esther López Valencia y otra mujer, fueron sacados de sus celdas y obligados a subir a un camión con dirección al cementerio del Este, ahora conocido como Cementerio de la Almudena. Es fácil imaginarnos la angustia de los presos durante el trayecto y cómo se aferrarían a algún rosario o medalla ocultada a los milicianos como la que se encontró en el cadáver de José María. Al llegar a su destino les apearon y ejecutaron uno tras otro junto a las tapias del cementerio.

Autopsia practicada al cadáver de José María de Salas.

A la vista de las autopsias practicadas a los cadáveres podemos deducir que José María, como el resto de compañeros de martirio, recibió varios disparos realizados con arma corta. Todos los cadáveres presentan también heridas por arma de fuego en el cráneo, seguramente correspondientes al tiro de gracia. En el siguiente enlace pueden encontrar las fotografías correspondientes al cadáver pero advierto que pueden impresionar a las personas más sensibles.

Documento del Depósito Judicial de Cadáveres informando de la recepción de los cuerpos de José de Salas y de otras víctimas.

La identificación de los cuerpos no fue sencilla. En el caso del antiguo alumno del colegio, llevaba bordadas las iniciales “J. S.” en la camisa. El juzgado envió una diligencia a la Dirección General de Seguridad solicitando información acerca de los cuerpos encontrados y gracias a esta gestión el 10 de Octubre se pudo averiguar su nombre.

Identificación de José Salas Padrós por parte de la Dirección General de Seguridad.

La edad y el nombre coinciden con los de nuestro compañero pilarista. Sin embargo, ahora era necesario encontrar a sus familiares. Para ello el juzgado envió una solicitud a la Dirección General de Seguridad que no obtuvo resultados. Posiblemente sus padres y hermanas habrían cambiado de domicilio para evitar correr la misma suerte que su hermano.

Respuesta de la Dirección General de Seguridad respecto a los parientes de José de Salas Padrós.

Años después, una vez terminada la guerra fue publicada en el ABC del 29-IX-1939 la esquela correspondiente y supongo que su cuerpo fue exhumado y enterrado en una sepultura familiar, aunque reconozco que no tengo pruebas de ello.

Esquela de José Salas Padrós en el ABC del 29-IX-1939, página 23. Fuente: Hemeroteca ABC.

Los hermanos Lorente Echánove

Otra caso del que disponemos de documentación es el de los hermanos Lorente Echánove: Ramón, de la promoción de 1930; José María, promoción de 1932; Gabriel, de la del 1934; Rafael, 1935; y Francisco, de la promoción de 1937. También tenía dos hermanas: Pilar, que se hizo religiosa ursulina, y Clara. El padre de la familia, José Lorente, era agente de cambio y bolsa y algunos de los hijos colaboraban con él. Algunos de los hermanos Lorente estudiaron también en el colegio Nuestra Señora de Recuerdo, de los Jesuitas.

José María, estudiante de agrónomos, tuvo varios encuentros con la justicia republicana. Fue detenido por primera vez el 1 de Septiembre de 1936 cuando contaba con 20 años, en el domicilio familiar de la calle Francisco Giner 17, 1ºdcha. (posteriormente Paseo del General Martínez Campos). Se le acusaba de desafección al régimen por pertenecer al partido tradicionalista. Es trasladado a la cárcel de Porlier (actual colegio Calasancio) donde permanece en prisión provisional durante cuatro meses hasta que el 15 de Diciembre se le toma declaración, celebrándose el juicio el 30 de ese mismo mes. En el juicio es absuelto al no aportarse pruebas ni testigos contra él. (FC-CAUSA_GENERAL, 207, Exp. 9)

Campo de trabajo del SIM

A Ramón le detienen el 8 de Marzo de 1937, dos meses después de que su hermano quedara en libertad. El relato que hace José María de la detención de Ramón es estremecedor. Se presentaron unos individuos en la casa de Francisco Giner 17, diciendo que eran Agentes de Investigación y Vigilancia y que tenían que llevarse a Ramón a la Dirección General de Seguridad. Doña Rosario Echánove, la madre de los hermanos Lorente y que ya estaba viuda, desconfió y les exigió la documentación a los agentes. Éstos no se la mostraron y salieron de la casa con Ramón. La madre, sabiendo cómo se las gastaban los milicianos, quiso acompañar a su hijo, pero los supuestos agentes se negaron.

Al llegar a la esquina de lo que hoy es General Castaños con Fernández de la Hoz había una casa bajo la protección de la embajada Argentina. Por esta razón había varios gendarmes haciendo guardia en la puerta. Los hombres que custodiaban a Ramón entraron en el edificio para intentar que sus compañeros convencieran a Doña Rosario de que eran agentes del orden, pero tampoco consiguieron su objetivo. La presencia de la madre les molestaba para su propósito y suponemos que se formaría cierto escándalo en la calle dado que eran ya las 22:30 de la noche. Finalmente, Doña Rosario decidió subir un momento a su casa para pedir al hermano de una chica que vivía con ellos que acompañara a su hijo mientras ella se hacía cargo del resto de la familia. En ese momento, al volver a su casa, uno de los milicianos que habían realizado la detención le dijo que no dejara solo a su hijo ni un instante. La madre de los Lorente bajó apresuradamente a la calle pero ya los milicianos habían desaparecido con su hijo. Esa misma noche comenzó un periplo por la Comisaría General en la calle Serrano 35 y por otros lugares de detención sin conseguir averiguar nada de Ramón. (FC-CAUSA_GENERAL, 73, Exp. 8). Suponemos que fue asesinado esa misma noche. Este tipo de acciones eran conocidas como “paseos”.

José María vuelve a ser detenido el 18 de Septiembre de 1938 con 22 años por encontrarse ebrio en un bar del Paseo de la Castellana realizando comentarios contrarios al régimen. Es encarcelado en la Prisión Militar de Madrid. Posteriormente se le traslada a la Checa de San Antón. Durante el juicio celebrado el 14 de Diciembre de ese año reconoce que estuvo afiliado a Acción Popular pero sólo para poder participar en el equipo de fútbol de este partido. En el juicio se le condena a dos años y seis meses de internamiento en un campo de trabajo del SIM (Servicio de Información Militar). Finalmente, consigue sobrevivir a la guerra y morir bastantes años después.

Gabriel y Rafael también sobrevivieron a la guerra y se alistaron después en la División Azul. Rafael fue destinado a la Plana Mayor del 2º Batallón del Regimiento 262 y murió el 7 de Mayo de 1943 en Slusk (actual Pavlovsk al sur de San Petersburgo). Gabriel si pudo volver a casa.

Esquela de Rafael Lorente Echánove publicada en el ABC el 19-V-1943.
Esquela de Rafael Lorente Echánove publicada en el ABC el 19-V-1943.

Francisco murió en 1985 en Madrid y Doña Rosario Echánove Zabala, la madre de los hermanos Lorente, murió en 1989.


Como se puede ver en estos dos relatos. En esos meses había en Madrid dos justicias paralelas. Una justicia oficial que daba la apariencia de legalidad y seguía los procedimientos establecidos; y otra justicia política paralela, administrada por las milicias del Frente Popular que detenían, juzgaban y ejecutaban a sus víctimas.