Reproduzco hoy, a modo de “cuento de Navidad”, una composición literaria que apareció en los Recuerdos del curso 1917-1918:

SACRILEGIO CASTIGADO

orría el siglo V.

Por uno de los caminos que conducían a la ciudad de Sevilla, galopaba un numeroso grupo de jinetes que dando gritos salvajes, animaban a sus ya fatigadas cabalgaduras. Eran vándalos.

A la cabeza de los bárbaros marchaba su rey Gunderico el infatigable perseguidor de los cristianos; sus ojos despedían llamas y daba, enfurecido, fuertes espolazos a su corcel.

Galopando continuamente llegaron los vándalos a la ciudad que baña el Guadalquivir. Al verle entrar sus moradores se dispusieron a defenderse, pero era ya tarde. Gunderico anima a sus soldados al saqueo y a la matanza. Mujeres ancianos y niños corrieron a refugiarse al templo de San Vicente mártir. Espoleando a su caballo, Gunderico, después de atravesar diversas calles llegó al refugio de los cristianos.

En la misma puerta del templo se detuvo el caballo y por más que le anima con sus feroces gritos y le espolea, no logra que dé un paso. Parece que una fuerza invisible le retiene en aquel lugar.

Los cristianos, de rodillas ante una imagen del Salvador, imploraban clemencia y pedían al Señor que librara de las iras del vencedor a sus hijos y parientes que luchaban en las calles de la populosa ciudad.

Gunderico viendo que de nada le servían las espuelas y los gritos, desenvainó la espada y clavó en los lomos del noble animal dos centímetros del terrible acero. El caballo se encabritó pero no dió un paso.

Los ojos del rey Gunderico parecían ascuas y de su boca no salían otra cosa que horribles blasfemias; sus músculos estaban fatigados y quería terminar. Apeóse del caballo y ya iba a penetrar en la Iglesia, cuando un rayo cayó sobre su cabeza y lo dejó carbonizado al pie de su corcel.

J. M Varela Rendueles. [1] (5° año A.)

Dibujo de L. Moya (4° año B)

Notas del Editor:

  1. José María Varela Rendueles: Promoción de 1919. Político. Gobernador Civil de Sevilla en el momento del alzamiento nacional. Tras rendirse para conservar su vida fue condenado a 30 años de prisión.