Edgar Neville, Jorge Sanz, Javier Fesser y más recientemente, Adriana Ugarte; son nombres por todos conocidos y que rápidamente relacionamos con el mundo del cine. Sin embargo, antes que todos ellos hubo otro pilarista, hoy olvidado, que dejó su huella en la pequeña historia del cine español: Pedro Nolasco de Soto y Aldar.

Poco es lo que hemos podido averiguar de su biografía. Desconocemos su fecha y lugar de nacimiento, aunque suponemos que debió nacer en torno a 1897. Tampoco sabemos quiénes eran sus padres; pero con toda seguridad podemos afirmar que pertenecían a la aristocracia o a la alta burguesía de principios del siglo XX. Pese a ello, y gracias a los datos que él mismo compartió con sus compañeros en el anuario escolar del curso 1917-1918, podemos reconstruir parte de lo que fue su andadura en el mundo del cine. Andadura que sin duda, dejó su huella en el desarrollo de la industria cinematográfica española.

Según el propio Pedro de Soto, se inició en el mundo del cine en 1912, formando una sociedad con dos compañeros de colegio: Francisco Sánchez Gómez (14) y José María Helguero Castillo (14).

Si mal no recuerdo, empezó mi afición al cinematógrafo en 1912, estando en tercer año.

Empezó esto, en las vacaciones de Navidad. Dos compañeros míos de Colegio, F. Sánchez, J. Helguero y yo, formamos una sociedad, casi mendicante: capital, 15 pesetas y compramos unas películas en el Rastro. Con ellas y un aparato de juguete dimos el 1º de año una función, a la que asistieron 25 ó 30 amigos y como para cimentar bien la amistad no hay como pagar bien, tuvieron que soltar el puñado de céntimos que importaba la entrada; total: una recaudación de 7 a 8 pesetas, negocio redondo.

Tras las primeras funciones, decidieron editar también un semanario, la Proyección, que “primitivamente fue una hoja anunciadora de películas de cinematógrafo en venta y de espectáculos del mismo género” [1] y que parece que tuvo un cierto éxito en el colegio. A continuación, y para aumentar sus beneficios comenzaron también a vender y alquilar películas.

Empezaron las clases del segundo trimestre y apareció la famosa Proyección, el germen de los futuros periódicos que no hizo gemir las prensas, pues se sacaba con gelatina. Apenas nacido el órgano de nuestra naciente industria se propagó ésta por los ámbitos del Colegio, como un reguero de pólvora. La industria tomó nuevos rumbos: vendimos y alquilamos películas.

Al año siguiente y viendo los prometedores inicios, Pedro de Soto y Paco Sánchez decidieron expandir su actividad obteniendo unos rendimientos bastante respetables dado lo precario de los medios con que contaban.

En el año 1913, la sociedad se redujo a dos socios Sánchez Soto, y el capital se había redondeado: 9 a 10.000 metros de cinta. Publicábamos un boletín mensual y salimos a los pueblos a dar funciones y nos aventuramos en la capital en algunos cines modestitos. Los ingresos se elevaron a unas 100 pesetas mensuales, mientras el total de gastos no pasaba de 15 a 20. ¡Es mucha pericia administrativa la de mi socio F. Sánchez!

Una anécdota célebre en nuestra historia cinematográfica, dará idea de la habilidad de mi compañero.

Un día llegó un parroquiano a mi casa. Después de hacernos probar una cantidad de películas, se quedó con cuatro o cinco, que importaba la fabulosa suma de 40 a 50 pesetas, negocio extraordinario para nuestras modestas transacciones. Al preparar el paquete me pregunta Sánchez, muy resuelto: «¿Pongo papel?» Es decir, si dado lo extraordinario del caso, se podía alargar a envolverlas en un pliego que valía 10 céntimos o si era más conveniente ahorrarse semejante gasto. Me parece que esto da idea de mi buen administrador.

Sospecho que, como sus compañeros de andanzas, Pedro debió pertenecer a la promoción de 1914, aunque en el anuario de 1969 aparece asignado ala promoción de 1915; sin embargo, abandonó el colegio un año antes que sus compañeros para preparar el ingreso en la escuela de ingenieros industriales. Como otros tantos aspectos de su vida, no sabemos si logró su objetivo y si llegó a terminar la carrera.

Terminado el curso de 1913, salí del Colegio con harta pena -lo digo del fondo del alma- para empezar la carrera de ingeniero industrial.

Como queda patente en el siguiente párrafo, la indudable privilegiada posición económica de que gozaba la familia de Pedro le posibilitó viajar por Europa y adquirir nuevos equipos para sus grabaciones.

El año 1914 quedó algo paralizada mi industria cinematográfica, pues como Paco seguía en el Colegio, no podíamos vernos tan fácilmente para el negocio. Al terminar el curso, hallándome delicado de salud, me aconsejaron los médicos pasara el verano en Suiza. Así lo hice, pero al estallar la guerra tuve que volver, pasando por Italia -vía Milán Génova-. Volvía con aparatos para tomar vistas cinematográficas y entonces, solo, inauguré un ensanche de mi negocio peliculero.

Ese mismo año de 1914 constituyó en Madrid la productora Patria Films en la calle Diego de León; donde trabaja con el incipiente actor y director Benito Perojo, el actor Pedro Zorrilla y el empresario Gerardo Vargas Machuca. Pedro de Soto será el director gerente de esta nueva productora.

En Madrid fundé la Patria Films, primera casa madrileña que hizo películas de asunto. Salieron «Garrotazo y tente tieso» y «Clarita y Peladilla en el Foot-ball», ambas malitas, pero como eran las primeras no se podía esperar cosa mejor.

Aunque Pedro de Soto no estuviera orgulloso de estas primeras películas, lo cierto es que con el paso de los años se han convertido en obras verdaderamente interesantes.

El personaje de Peladilla, un trasunto de Charlot obra del genial Benito Perojo, valdría por sí solo para ocupar un artículo entero. No obstante, sólo comentaremos aquí que apareció en otras dos películas además de las que indica en este artículo: Peladilla, cochero de punto y Donde las dan las toman; ambas de 1915.

Una de estas cuatro películas, Clarita y Peladilla en el Foot-ball, tiene además la particularidad de ser la primera película del cine español en tener como argumento principal el fútbol. Es cierto que existen grabaciones anteriores en las que se muestran escenas de partidos de fútbol; sin embargo, en este caso el papel del deporte en la trama argumental es preponderante. En concreto, la cinta narra las peripecias de Peladilla durante un derbi entre el Madrid FC y el Atlético de Madrid disputado en el estadio de O’Donnell, primer estadio del Madrid Football Club y en el que jugó sus partidos entre 1912 y 1923. No creo que Pedro de Soto tuviera problemas para obtener la colaboración del Madrid FC puesto que en aquellos años ya jugaba en el equipo el gran René Petit (16) junto a otros compañeros pilaristas.

Antiguo estadio de O’Donnell

Al morir Benito Perojo en 1974, apareció en “La Prensa” una nota necrológica titulada Mis recuerdos de Benito Perojo. El autor, el pilarista Antonio de Armenteras Estalella (16), narraba en su artículo cómo Perojo, de Soto y otros miembros de la productora acudían en 1915 a las puertas del Colegio de Pilar en la calle Goya en busca de figurantes para sus películas.

Patria Films se transformó posteriormente en Patria Films S.A.

Algunos meses más tarde se fundó la sociedad Patria Films S.A. sacando cuatro películas de 1000 metros y dos de 300, en tres meses. La sociedad se deshizo por razones particulares.

Lo que nuestro compañero de colegio llama, eufemísticamente, “razones particulares”, más bien fueron verdaderos apuros económicos. Por lo menos, así se indica en la documentación que hemos podido consultar en la biblioteca de la Filmoteca Española.

De Soto no tuvo más remedio que continuar su negocio en solitario y, como él mismo nos narra, en 1916 fundó Soto Films. En esta nueva etapa llegó a proyectar sus películas ante el mismo rey Alfonso XIII.

En octubre de 1916 reanudo el negocio solo y edito películas por mi cuenta: «El Enigma de una noche», vendida en exclusiva para el mundo entero; «Toledo», de 120 metros, vendida en igual forma y las actualidades madrileñas. En las maniobras de «Morata del Tajuña», batí el record de velocidad. Impresioné 200 metros y al ser presentado a S. M. que asistió a ellas, le ofrecí -eran las dos de la tarde- que a las a ocho las proyectaríamos en Palacio ante la Real Familia. En efecto, a las ocho menos minutos se proyectaba en Palacio. Habíamos invertido seis horas para 200 metros negativos y 200 positivos.

Además de la mencionada El enigma de una noche, también produjo Gitanilla cañi. Sin embargo, fue en 1917 cuando Soto Films despegó definitivamente al producir Los apuros de un paleto, una película de 6 minutos que tuvo bastante éxito en su época y que contaba en los papeles protagonistas con Casimiro Ortas y con Consuelo Mayendía, ambos intérpretes de zarzuela y estrellas del Teatro Apolo. La película estaba dirigida por Francisco Pacheco y el guión era obra de Pedro Pérez Fernández. La cinta narraba las peripecias de un hombre de pueblo al llegar a la gran ciudad y visitar las galerías comerciales de Diego de León.

En Junio de 1917 empecé una película a base de Casimiro Ortas y Consuelo Mayendía, célebres artistas, y hoy 14 de Abril de 1918, vendo la exclusiva de esta película para América del Sur, en un 100 por 100 de su coste, quedándome con el resto del mundo.

Fotograma de Los apuros de un paleto

Con poco más de veinte años De Soto también se inició como empresario… ¡y nada menos que construyendo el actual Teatro La Latina!

Por lo que se refiere a otro ramo de la cinematografía -el de empresario- debuté en Ávila un verano en que, en vista del aburrimiento de aquella ciudad, se me ocurrió poner cine en el Teatro Principal. Ahora terminaremos un local de construcción moderna en el antiguo solar del Coliseo La Latina y este será mi debut de empresario de Madrid.

Efectivamente, el nuevo cinematógrafo de La Latina se inauguró el sábado 18 de enero de 1919; sin embargo, pese a las muchas ilusiones que nuestro compañero pilarista tenía puestas en sus proyectos empresariales su nombre desaparece completamente de la escena pública a partir de esa fecha.

En la actualidad cuento, pues, con mi alquiler de películas (175.000 metros), mis laboratorios para edición, mi teatro de toma de vistas (galerías) y una patente de invención por 20 años por un procedimiento especial para anunciar por medio de películas cinematográficas (caricaturas animadas). Esto último trae una furia atroz y no doy abasto a los pedidos. Con esto y el nuevo cine de la Latina tengo dos futuros campos de operaciones para el año 1918-1919. Todo ello estando encima y llevándolo medio regular da un ingreso mensual bastante bonito, que quizá conviniese a más de un ingeniero y tal vez ministro. Verdad es que la cinematografía es una enfermedad terrible que se cuela en los huesos y es imposible deshacerse de ella; sin embargo, yo me encuentro tan a gusto.

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Anuncio aparecido en el periódico ABC en Enero de 1919

La narración de sus peripecias cinematográficas se las debemos al empeño de D. Luis Heintz, el que fuera director del colegio en aquellos años. Sin duda, D. Luis pensó que este relato podría estimular el espíritu emprendedor en el resto de alumnos.

Creo que he contado toda mi historia cinematográfica; muy mal por supuesto, porque en literatura estoy pez; pero por lo menos he cumplido lo que prometí a D. Luis.

No hemos sido capaces de saber más de su vida, ni de sus andanzas. Pese a que hemos investigado en diversas fuentes e instituciones no hemos podido averiguar qué fue de su vida ni qué le hizo abandonar tan repentinamente el mundo del cinematógrafo; sin embargo, sabemos que en 1969 ya había fallecido. En cualquier caso, creo que este pequeño homenaje era más que merecido para un muchacho que luchó por obtener el éxito disfrutando de su gran pasión, arriesgando su patrimonio y, quién sabe si perdiéndolo.

Notas del Editor:

  1. Revista recuerdos 1912-1913, pág. 41.