Ante las excepcionales circunstancias que nos ha tocado vivir, desde esta página quiero también poner mi granito de arena para aliviar, en la medida de lo posible, el confinamiento al que miles de pilaristas estamos sometidos. Por esta razón me he decidido a publicar, a modo de las antiguas novelas por entregas, la obra «Un Mundo Nuevo» escrita por el marianista y profesor del colegio Pedro Martínez Saralegui en 1918. Esta obra estaba encuadrada en una colección de seis libros, titulada La Leyenda Blanca. Espero disfrutéis leyéndola casi tanto como yo estoy disfrutando transcribiéndola:

PRÓLOGO

AIguien dijo con razón que la leyenda es más verdad que la historia, aludiendo a la influencia más poderosa de aquélla en los entusiasmos, creencias e ideales de pueblos y multitudes.

Nunca fue más verdad la paradoja que aplicada a la labor realizada por el pueblo español. Pocos nos conocieron como fuimos, ni nos estiman cual merecemos. Al tenor de mil falsedades se propaló, no ya nuestra historia, sino una leyenda sombría -negra la ha llamado un patriota escritor.

LA LEYENDA BLANCA tiene, por oposición a la negra, la pretensión de hacer resaltar las cualidades de energía verdaderamente extraordinarias que mostró el pueblo español en los días más gloriosos de su historia.

Por desidia de propios y desprecio de extraños, tales cualidades han sido falseadas, cuando no negadas, en muchos libros que corren cual estudios profundos de nuestra psicología nacional. Contra esta corriente han aparecido estos últimos años algunos trabajos verdaderamente admirables. No pretende LA LEYENDA BLANCA (sería vana pretensión) igualarles en mérito científico. Su aspiración es mucho más modesta. Quiere, sin embargo, inspirarse en el mismo ideal de amor a España; y, sin alardes literarios, busca entre la adolescencia y juventud a sus lectores, avergonzada de ver tanto libelo extranjerizo pasto de los que han de ser los conquistadores de nuestro porvenir.

Por eso, al lado de la acción histórica va la acción legendaria, menos importante, sí, pero que en algún caso retendrá la atención del lector para que pueda admirar siempre a los autores de nuestro engrandecimiento.

Carabela Santa María
Carabela Santa María

Dicho queda, pues, que no escribimos para eruditos ni menos para españoles de corazón apocado, que no quieren creer en la gigantesca grandeza de sus progenitores por temor acaso a los deberes que tal fe les impusiera.

Y como estamos persuadidos de nuestra insuficiencia para llenar cumplidamente tan alto propósito, nos daríamos por satisfechos si los defectos de nuestra empresa, ya que no sus méritos, sirviesen de acicate para que otros la acometiesen con más fortuna.

Mucho habrá que esperar del día de mañana para nuestra patria, si todos ponemos nuestras miras en la niñez y juventud actuales.

¡Ojalá LA LEYENDA BLANCA fuera siquiera un despertar en labor tan fecunda y necesaria! ¡Ojalá sus lectores, la juventud, a quien va dedicada, sintiesen al leer sus páginas el orgullo de ser españoles, como aquellos que se llamaron Valdivia, Aguilar, Ojeda, Enciso, etc., apellidos todos más simpáticos y levantados que Weide, Sandokan, Carter, y ¡qué se yo cuántos otros de exóticos extravagantes!

Mañana, el Capítulo I.