Hoy os vuelvo a traer una composición literaria de las escritas por los alumnos de últimos cursos y seleccionadas por su calidad. Espero que la disfrutéis:

Sermón eficaz


racioso era el cura, no sólo por su condición de andaluz, sino por su donaire y mucho ingenio. Así ejercía él su ministerio parroquial en el lindo pueblecillo de X; contando cuentos entretenía a los niños en la doctrina y con amenidades interesaba a los mayores en el sermón dominical.

Un día su ingenio le salvó de un apurado trance.

Los tiempos estaban malos, la miseria se extendía en el lugar y el ambiente era propicio a la vida de bandidaje. La tierra, infestada de bandidos y teatro de sus hazañas, ni descansaba ni sosegaba por el pavor que le infundía el riesgo de caer en sus manos.

Tal acontecía en el pueblecito de X; no había vecino que se aventurase a salir a deshora del lugar: el señor cura que lo hizo en cierta ocasión por poco lo paga con la vida.

Iba el hombre de Dios paseando lentamente, abstraído en la lectura de su breviario, cuando se internó sin darse cuenta en la espesura de los olivares. Allí estaban los bandidos, que le dieron el alto.

-¿Alto?… ¡ah!, ¿es a mí?… ¡Hola, amigos!…

-Amigos, no; que somos ladrones.

-Bueno, pues… ¡hola, amigos ladrones!

-Mire, señor cura, aquí no valen chistes; ¡la bolsa o la vida!

-Mirad, hijos, la vida mía es De Dios…, la bolsa vuestra es, pero vacía, con que por esta vez…

-Pues, por esta vez, no se nos escapa usted de las manos.

Y dos de los foragidos se dirigían violentamente hacia el pobre sacerdote, cuando uno que parecía el jefe de todos, los detuvo, diciendo:

-No, no le matéis, tiene que pronunciar un sermón, pero de los buenos… como los que echa a las beatas del pueblo, y diciendo cosas regaladas, no como cuando echa pestes de nosotros en la Iglesia…

-¿Y no queréis más que eso?, ¡cosa más fácil!, ¡hablar bien de vosotros!… pues claro, vosotros y N. S. J., allá os vais en relaciones y semejanzas. N. S. J. nació en un pesebre y vosotros habréis nacido en un pesebre o en lugar más bajo todavía; por lo menos un pesebre merecéis ahora.

-¡Cuidado con las bromas, señor cura!, dijo uno de los bandidos.

-¡Adelante! N. S. J. anduvo por los caminos y vosotros por los caminos andáis también. Jesucristo era enemigo mortal de los ricos y vosotros no los miráis con buenos ojos, que digamos. N. S. J. murió en un patíbulo y vosotros en un patíbulo acabaréis de seguro. N. S. J. bajó a los infiernos y vosotros iréis a los infiernos de cabeza… Sólo encuentro ahora. una pequeña diferencia, y es que N. S. salió de los infiernos para volar al cielo, y vosotros… por desgracia, permaneceréis en los infiernos por toda la eternidad. Un remedio tiene esto y es… que enmendéis vuestra mala vida.

Tanto gustó el sermón a los bandidos, que resolvieron indultar al cura, y vitoreándole le llevaron hasta la entrada del pueblo.

Álvaro Martínez Alcubilla [1].
(5.° año B.)

Dibujo de F. Bernáldez [2].
(5.° año B.)

Notas del Editor:

  1. Álvaro Martínez Alcubilla: Promoción de 1919.
  2. Fernando Bernáldez Ávila: Promoción de 1919. Doctor en medicina.