En junio de 1955 se publicaba en el boletín de la Asociación de Antiguos Alumnos este bellísimo artículo obra de Guillermo de Orueta [1]. Nuestro compañero escribió estas líneas en las trincheras, añorando su colegio y soñando con volver a entrar en Madrid, victorioso. No hacen falta más preámbulos, tan sólo pediros que, como nos pide el autor, la próxima vez que paséis junto al colegio os acordéis de los cuatro ángeles de piedra.

Los cuatro ángeles de piedra


Hay cuatro ángeles en el Colegio, sí; hay cuatro ángeles de piedra.

Me parece ocioso decirlo; me parece ocioso decir dónde están los ángeles. Cuando nosotros estábamos en el Colegio sabíamos todos dónde estaban. Ahora a lo mejor hay alguno que no lo sabe. Me parece ocioso decirlo, pero ¡qué vamos a hacer!… Los cuatro ángeles están rematando la escalinata de piedra de la salida.

Escalera principal.
Escalera principal con los dos ángeles del Norte, que la flanquean.

Son cuatro ángeles iguales, tienen los cuatro la misma nariz y la misma boca, entre las manos sostienen un pergamino, y en el pergamino hay unas palabras [2]; los pobres ángeles están mudos, y como no pueden hablar llevan un cartel en el pecho que nos dice lo que ellos no pueden decirnos. ¡Pobres ángeles mudos! ¡Con las ganas que tendrán de hablar como ellos lo saben hacer! Como hablan los ángeles en el cielo azul. Sólo hay un ángel algo distinto: le falta el ala derecha. Los cuatro ángeles están tristes, pero éste está más triste que ninguno.

Inscripción del ángel del NO
Inscripción del ángel del Noroeste.

¿Por qué estarán tan tristes los ángeles de piedra? No lo sé, no lo sabe nadie; pero la cosa es que están tristes. Cuando yo estudiaba me parecían más alegres. Yo creo que es que les hacíamos más caso. A veces cuando salíamos de clase acariciábamos con la mano sucia de tinta su cara de piedra.

Detalle ángel del SO de la escalera principal.
Detalle ángel del Suroeste de la escalera principal.

Ahora están más tristes que nunca. Están siempre con la mirada fija en las flores del jardinillo de enfrente. Yo creo que les hacéis poco caso. Me parece que les entretienen muy poco vuestras conversaciones, que oyen al pasar; no son conversaciones que entretengan a los ángeles, no tienen espíritu. Todos los chicos pasan y ninguno le cuenta nada a los ángeles, y ellos siguen tristes y mudos, con sus letreros en las manos y su mirada fija en las flores.

Detalle ángel de la escalera principal.
Detalle ángel de la escalera principal.

Sí, los ángeles esperan; tienen muchas esperanzas. Vendrá algún día en que los alumnos vuelvan a leer sus letreros; vendrá algún día en que todos los alumnos tengan el espíritu del Colegio, y entonces los ángeles, cuando estén todos en clase, se mirarán sonriendo, y muy callandito se subirán por las escaleras e irán paseando por las galerías, tomando el sol a través de las cristaleras. Aquel día a lo mejor se morirán las florecillas que se alimentaban con sus miradas.

Ángel del SO de la escalera principal.
Ángel del Suroeste de la escalera principal.

Vendrá algún día quizá en que al pasar unos bravos muchachos, cara al aire fresco de la bondad, cantando con voz tonante el Españoles, hidalgos valientes, les acompañen los ángeles con una voz muy dulce. Después se sonreirán. Entonces habrá cuatro ángeles vivos en el Colegio; habrá un espíritu, y quizá haya también una docena de pensamientos muertos cara al sol.

Guillermo de Orueta y Heredia

Notas del Editor:

  1. Guillermo de Orueta y Heredia: Nació en Madrid el 26 de diciembre de 1916. Cursó con gran aprovechamiento sus estudios en nuestro Colegio. Ingresó en él en la clase de parvulitos en 1923 y terminó sus estudios de Bachillerato en 1933 en la Sección C, de sexto año. Llegada la Cruzada, la religiosidad y exaltado patriotismo de Guillermo le hicieron acudir al puesto de honor como voluntario. Fue alférez provisional de Infantería, y murió gloriosamente en la Casa de Campo, en los últimos combates para entrar en Madrid el 8 de marzo de 1939, a los 22 años de edad.

    Guillermo de Orueta Heredia.
    Guillermo de Orueta y Heredia.
  2. Los cuatro ángeles tienen sendas inscripciones:

El ángel del Noreste:

Españoles hidalgos
Valientes
Con la edad
Nos queremos mostrar

(Himno)

El ángel del Sureste:

Esta es tu Casa
Sube la escalera
Sin dilación,
la caridad te espera

(Leopoldo Cano)

El ángel del Noroeste:

El que acoge
A los niños
en nombre mío,
a Mí me acoge

(Cf. Mt. 18,5)

El ángel del Suroeste:

Aquí se enseña
La oración que fortalece
El trabajo que redime
y la virtud que glorifica

(Leopoldo Cano)

Según nos cuenta el padre Enrique Torres, “de estas inscripciones, es seguro que las de Leopoldo Cano proceden de edificio que planeó la Duquesa. Las de la letra del himno fueron grabadas ciertamente por la Dirección Marianista, una vez comprado el Colegio. Es muy posible que el texto evangélico fuera también iniciativa de los marianistas.”

“Leopoldo Cano (1844-1934), fue un poeta vallisoletano, académico de la lengua, castellano franco y abierto, conocido por sus sentencias morales y satíricas. A él le confió la Duquesa de Sevillano el encargo de ilustrar con sus lemas los ambientes nobles del Colegio.”