Esta mañana comparto con vosotros el último capítulo del libro Cruzados del Ideal, escrito por el P. Florentino Fernández Santamaría, S.M. (1893-1983), Director del Colegio del Pilar en los años de la postguerra y que sería luego Superior Provincial. Creo que en estos tiempos de zozobra y de vacío espiritual, especialmente entre nuestra juventud, puede resultar muy interesante esta reflexión acerca del amor a la Patria, que recordemos emana del Cuarto Mandamiento de la Ley de Dios y es por tanto, un deber de todos los cristianos.

También he querido ilustrar este artículo con algunos dibujos del genial @AuctorSalutis a quien os animo a seguir en las redes sociales. Por último, y puesto que en el texto se hace referencia a los alumnos que murieron por Dios y por España, os incluyo un enlace para que os podáis descargar un archivo con todos sus nombres.

Religión y Patria


Maria duce Religioni et Patriae: “Con María
por Capitana, defensores de la Religión y
de la Patria”.

Así reza el lema que tantas veces habréis leído al subir por la escalinata que da acceso al Colegio.

Religión y Patria ha de ser el ideal de todo alumno de los Marianistas. El Pilar no haría honor a su nombre si cesara un momento de avivar este fuego sagrado en el alma de sus alumnos. Forjar cristianos macizos y ciudadanos conscientes de sus obligaciones como españoles, es la suprema aspiración del educador marianista.

Jóvenes que leéis estas líneas, el porvenir de la Patria está en vuestras manos. España será lo que vosotros queráis que sea. Pero mirad el porvenir: la grandeza de la Patria no se aprecia por su extensión, ni por el florecimiento de la industria, ni por el número de sus habitantes, sino por la honradez, caballerosidad y capacidad de sacrificio de los ciudadanos.

Y esa grandeza, esa honradez y capacidad de sacrificio de sus habitantes, ¿de dónde viene?

Hay que buscarla en la Religión. La Religión es la fuente de todos los heroísmos, y nada grande se ha hecho en el mundo sin ella. El joven que cae de rodillas ante Dios y que tiene fe inquebrantable en las verdades eternas, es capaz de todos los heroísmos y jamás podrá ser vencido: preferirá la muerte a la capitulación.

La Religión enseñará a los jóvenes las obligaciones que tienen para con la Patria y les infundirá las fuerzas necesarias para morir por ella, si las circunstancias lo exigieran.

España es España por la Religión, por el Pilar. Del Pilar brotó como de cristalina corriente nuestra religiosa unidad. Y es la Religión la que dio temple de acero a nuestro carácter, y resplandor de epopeya a nuestras gestas, y tonalidad de gloria a nuestras virtudes.

La misma nacionalidad española brotó, como torrente arrollador, de uno de esos maravillosos santuarios de María Santísima, para extenderse luego, Pirineo abajo, por los ámbitos de la Península Ibérica y trasponer sus límites, bogando por todos los mares y arribando a nuevos mundos, a crear otras nacionalidades ricas y florecientes, que brillarán siempre como collar de perlas valiosísimo en el seno palpitante y robusto de nuestra madre España.

De los riscos del Auseva, del Santuario de Covadonga, arranca el árbol gigantesco de la nacionalidad española, árbol que, en sus años de vigor y lozanía, extendió sus ramas cargadas de flores y frutos hasta los confines más apartados de la tierra.

La Religión, el amor a Maria Santísima, influyeron de modo decisivo en la formación de nuestro genio, de nuestro carácter, de nuestra hidalguía y de todos los rasgos típicos que avaloran la bondad natural de nuestra raza.

Sois descendientes de aquellos antepasados que prefirieron la muerte a la esclavitud, y tenéis que hacer ver al mundo paganizado de nuestros días que el espíritu religioso que hacía vibrar indomable la espada de los héroes de la Reconquista, aún vive y alienta en los que de ellos descendemos, dispuestos a realizar los mismos sacrificios, si así lo exigen las necesidades de la Religión y de la Patria. Este espíritu que anima a la juventud española se ha puesto en evidencia en la lucha contra los que pretendían arrancar de España la Cruz de Cristo. Lo más florido de la juventud cayó en esta tremenda batalla contra los sin Dios y los sin Patria; pero España sigue viviendo al amparo de la Cruz redentora. Sí, España se lo debe todo a la Virgen. Ella fue la que infundió aliento y vigor a los primeros evangelizadores de nuestro suelo, dándoles el Pilar como fortaleza inexpugnable de la cristiandad, donde se estrellarían siempre todos los odios de los enemigos de Dios y de España.

España os confía el ideal sublime que la guio en todas sus empresas, ideal que sintetizó admirablemente nuestro Ingenioso Hidalgo de la Mancha en esta frase: No peleo por la hacienda, que peleo por la honra.

Honra que defendió España millares de veces en guerras de independencia y reconquista; honra que en la reciente Cruzada contra el marxismo ha costado a nuestra idolatrada Patria torrentes de sangre juvenil; pero ¿qué importa la hacienda y la vida cuando se trata de defender los sacrosantos ideales de la Religión y de la Patria?

En España no ha muerto aquel idealismo fecundo, venero de riqueza y de gloria; antes bien, ha producido innumerables héroes en los campos de batalla y en las checas de los sin Dios y sin Patria. Y es la fe en Cristo y en su Madre Santísima el motor de este derroche de bravura y de valentía ante el enemigo que en todo momento ha manifestado la juventud española.

Jóvenes, sois la esperanza de España, sois el germen de la futura generación. Por vuestras venas corre ahora la sangre de España, y mañana seréis los héroes o los sepultureros de la Patria. Cada uno de vosotros ha de ser el artífice de la grandeza de España; pero la grandeza de una nación sólo puede lograrla una juventud fuerte que sepa luchar por la belleza de su alma. Una juventud que luche por el ideal, que sea dura consigo misma, que no tenga complacencias sórdidas con lo que degrada y envilece; antes bien, se esfuerce por superarse de día en día. Juventud que no doble cobardemente la cerviz ante la tentación, que no se avenga con la medianía, sino que aspire a lo más digno y elevado. Fundid en uno el amor de Dios y el amor de España, que los dos son amores santos y los dos arrancan de la misma Cruz redentora.

Los que levanten en alto la bandera de la Patria y la hagan ondear en las cimas de las sierras, no serán esos jóvenes envejecidos por el vicio, sino aquellos otros que se sacrifican por el ideal y que tienen alma pura, ojos brillantes, frente serena; es decir, aquella juventud que trae primavera, fuerza y bello florecer.

Vosotros, que os educáis a la sombra del Pilar, tenéis que hacer honor a los compañeros que os precedieron en el Colegio y que en momentos difíciles para la Religión la Patria lo dieron todo y ofrendaron su vida en defensa de tan sublimes ideales. “Los muertos mandan, sobre todo cuando bajan a la tumba cargados con el peso de la vida de su raza, cuando precisamente han muerto por no verse obligados a vivir una vida de vilipendio.”

Esos trescientos compañeros vuestros que sucumbieron al grito de “¡Viva Cristo-Rey!” y “¡Viva España!” os trazaron el camino a seguir, y seríais indignos de ocupar un puesto en el Colegio donde ellos se forjaron si no estuvieseis dispuestos a seguir sus ejemplos y a morir, como ellos lo hicieron, cara al enemigo.

En el Colegio aprendieron a conocer a Dios y a España; año tras año fueron esculpiendo en su alma estos ideales, y calaron tanto en su corazón, prendieron tan reciamente en su ser, que, por defenderlos, estaban decididos a todo antes que traicionarlos. Dios y la Patria exigieron de esta juventud pilarista el sacrificio supremo, y ellos acudieron presurosos al cumplimiento del deber pues desconocían la cobardía y la traición.

Vosotros, sus sucesores, debéis tener siempre ante vuestra vista el ejemplo de vuestros mayores y guardar como oro en paño la rica herencia que os han legado. Depósito sagrado que vosotros tenéis que defender, incluso, hasta derramar la última gota de vuestra sangre. Anheláis el resurgimiento de España, queréis verla Una, Grande y Libre; sed sus escultores; pero tened en cuenta que los artífices de la España que todos deseamos han de saber mantenerse a la altura de sus tradiciones y de sus creencias.

Escuela de Religión y Patriotismo ha sido, es y será siempre el Colegio del Pilar; pero es preciso que vosotros, jóvenes, contribuyáis personalmente a esta labor, cooperando con vuestros profesores a grabar hondamente en vuestras almas el lema esculpido en la escalinata del Colegio:

RELIGION Y PATRIA